El viejo Sarrià

El barrio de Sarrià ocupa una gran superficie de la zona alta de la ciudad. Hasta el siglo XIX, este barrio fue un pueblo independiente pero que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las zonas urbanas de la ciudad de Barcelona. La construcción de nuevos inmuebles empezó a hacer sombra a las tradiciones del distrito pero, aún con todo, el barrio siguió –y sigue– conservando su ambiente pueblerino, con sus calles estrechas y sus plazas construidas a los alrededores del eje vertebral de la calle principal. Se trata de un barrio agradable, que cuenta con espacios naturales y edificios modernistas, y que se encuentra alejado de las aglomeraciones y el flujo turístico.

Lo que adoro hacer en Sarrià es, simplemente, vagar sin rumbo por las calles. Entre calleja y calleja descubro pequeñas plazoletas llenas de encanto, como la de Sant Gaietà, o la Placeta del Roser, un lugar ideal para distenderse en la dulce quietud del ritmo de vida de Sarrià.

El barrio cuenta con una gran cantidad de boutiques exclusivas y tiendas de alta gama, situadas principalmente en la calle Major de Sarrià. En esta misma calle también se puede visitar alguno de los prestigios restaurantes y degustar los platos de la cocina tradicional. Para los amantes de las patatas bravas, les recomiendo el famoso Bar Tomás y, aunque el lugar pueda no parecer gran cosa, ¡las bravas están riquísimas! Pero si os apetece una buena paella, visitad el restaurante El Vell Sarrià, situado en una masia del antiguo pueblo de Sarrià, que además ofrece una excelente variedad de platos catalanes tradicionales. Eso sí, el arroz, en todas sus variantes, se lleva la palma por excelencia. ¡Juzgad vosotros mismos!

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